31 de agosto de 2017

Repitiendo Francia (fotos de viaje)



Esto de viajar es muy curioso. En realidad, no creo que se sea más feliz, ni que una se lo pase de un modo más maravilloso que cuando estaba echada en el sofá sin hacer nada.
A veces, de viaje, estás cansada, irritable y tu hijo o marido no son las personas que mejor te caen del mundo en ese momento. Se equivocan de ruta, están tan impacientes como tú o se quejan sin motivos; si pudieras, los ahogarías en el lago que estás fotografiando (con un filtro ND para que te salga el agua sedosa e idílica). Incluso con tu familia pasas demasiadas horas al día. ¡Y no digamos contigo misma! Son horas detenidas, en las que solo miras, paseas, comes y fotografías. Si hubiera alguna posibilidad de meterte en una lavadora, hacerte un centrifugado y salir como nueva, lo harías.


La felicidad que da un viaje es retrospectiva. Es una felicidad para los recuerdos. Además, llenar la memoria de contenido da la sensación de que el tiempo se ha estirado y vives más.
Ni siquiera el viaje sirve ya para contarlo porque poco a poco, a medida que envejeces, hasta las ganas de presumir se vuelven desganadas.



Los viajes, en ocasiones, son nocivos para la salud y el ánimo. En algunas zonas del cuerpo te sale una urticaria que en tu vida habías padecido; se te rompe el GPS a mitad de la ruta; tu hijo adolescente, sin malditas ganas de viajar, se esfuerza en recordarte a cada instante su descontento; tu móvil se te cae a una poza o lo dejas olvidado en un restaurante; un filtro de fotografía va a parar al fondo de un lago; la tensión te domina por cómo será la cama, la almohada, la vivienda que te encontrarás, por la conducción en ciudades desconocidas, por la comunicación en un idioma del que no tienes ni la mínima idea; recorres cientos de kilómetros para enterarte de que los accesos a uno de los lagos más grandes del lugar son de pago; participas de una trifulca en un restaurante porque tu comida la dejan reposando cuarenta  minutos en la barra (al aliento de todo el que pasa) mientras que la de tus acompañantes es traída al instante...


Me ratifico en que la naturaleza francesa es fabulosa; no obstante, los servicios en bares y hostelería necesitan mejorarse. De hecho, fue un alivio cuando traspasamos la frontera al regreso y comimos en un restaurante de Gerona un guiso de cordero, con vino, entremeses, postres, cafés, y al mismo precio que una mala pizza en un pueblo de Francia.



–Ah, ¿estuviste de viaje?, ¿y qué tal te lo pasaste?
–Muy bien, de fábula. Viajar es maravilloso, ¿quieres ver mis fotos? El tópico dice que una imagen vale más que mil palabras. Míralas.
–Venga, enséñamelas.
–Te advierto que no sé exactamente de dónde son. Nuestro viaje fue de naturaleza y subimos desde Montpellier hasta Lyon. Lo digo para te sitúes. Un consejo: pincha encima de cada imagen para agrandarla, si las ves desde el móvil.
–Ok.






















Si no te has agotado y deseas leer un viaje mucho más azaroso que este (y con humor, después de todo), no te pierdas esta entrada:



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AngelesImpíos