29 de febrero de 2016

Blonde, de Joyce Carol Oates. (Crítica)


Esta novela, finalista del Pulitzer de 2001, recrea la trágica vida de Marilyn Monroe. Como nos advierte la autora, la obra es de ficción, aunque se basa en la vida de la actriz y en ella la sinécdoque (designar una cosa con el nombre de otra relacionada) es el procedimiento que rige su narración. En vez de los numerosos lugares de acogida en los que estuvo Norma Jeane (nombre real de la actriz) menciona únicamente uno, y es ficticio; de sus numerosos amantes, enfermedades, abortos, tentativas de suicidio e interpretaciones cinematográficas solo se escogen varios a los que se aluden en forma “simbólica”; y de todos los poemas que aparecen en la novela (como si fueran de Marilyn Monroe, pues ella escribía), son suyos dos versos en el último capítulo (“¡Socorro! ¡Socorro!...”) y los demás son  inventados. Nos avisa, también, que no es esta novela la más idónea para buscar los auténticos datos biográficos de la actriz, ya que es una recreación literaria del mito Monroe.

Algo cuestionable.

Joyce Carol Oates nació en Lockport, Nueva York, en 1938. Se crió en el campo, y desde jovencita comenzó a escribir. Obtuvo algún premio en su instituto y con la beca que le concedieron realizó estudios en la Universidad de Syracuse. Luego hizo el posgrado en la de Wisconsin-Madison y dio clases en las de Detroit, en la de Windsor (Ontario, Canadá) y en la de Princeton. No sé si seguirá en la docencia con 78 años; sí continúa escribiendo. Comenzó a publicar desde muy pronto, su primera novela con 26 años y con 32 años, en 1970, recibió el National Book Award por Ellos. Además del premio nombrado ha recibido, entre otros,el PEN/Malamud Award y el Prix Fémina, y en 2009 la Medalla de Honor en Literatura del National Arts Club. Su producción literaria constituye una obra exagerada: 54 novelas largas (algunas muy, muy largas), 12 cortas, 38 libros de cuentos, 11 de poesías, 9 de teatro, 14 de ensayo, 6 libros para jóvenes y 3 para niños: ¡147 libros! Tiene más obras que años en sus espaldas. No le basta escribir en su nombre por lo que ha recurrido a los seudónimos de Rosamond Smith y Lauren Kelly. Y cada año se encuentra entre las quinielas del Nobel.


No leía nada de ella desde hacía un tiempo. De cuentos compré Infiel cuando lo publicaron (creo que fue de los últimos que adquirí en papel); algunos fueron de mi agrado y otros me dejaron indiferentes (de esos cuentos que te relatan una escena y el resto de la historia tienes que completarla tú). Me gustó bastante en su momento Qué fue de los Mulvaney y La hija del sepulturero. En sus novelas suele reflejar la mezquindad, la violencia y lo negativo del ser humano. Usa un realismo crudo, poco amable, en el que no nos ahorra detalles sórdidos. No diría que fuera una escritora grata, ligera, irónica, de las que te alegran el día,… Es densa, roza el sensacionalismo, no descuida el drama, la tragedia, la fealdad y el agobio. Aun así me gusta su literatura. Refleja una visión de la llamada América profunda que me resulta interesante, y necesaria, de conocer.


Desde que leí una entrevista en El País, en el que ella decía que por Blondeguardaba un especial reconocimiento, sentí deseos de leerla. Y tendrán que pasar los días para caer en la cuenta de si mereció la pena o no. Imagino que servirá para reconstruir una imagen de Marilyn Monroe (y para seguir aprendiendo a escribir) bastante negativa. Es un  enorme libro que en papel tiene más de 900 páginas (en e-book me daba unas 1700: para desmoralizar a cualquiera). Las leí completas, aunque tuve la convicción, cuando iba por la mitad, de que le sobraban muchas. Ha sido publicada por Alfaguara y la traducción es de María Eugenia Ciocchini.


Nos relata a una pobre mujer, más pobre que cualquier otra; débil, acomplejada, sin voluntad, aficionada al nembutal y a más fármacos (tanto para despertarse y estar animada como para dormir); obsesiva y fácil presa sexual de cualquiera. Como virtudes que deja caer la autora podría nombrar su afán por aprender, su afición por la lectura, su ironía mezclada con ingenuidad.


Era una niña dócil, bonita, dulce, en manos de una madre loca. Primero fue cuidada por la abuela, pero tras su muerte regresó a vivir con aquella, hasta que un día (no sé si fue verdad) intentó bañarla en agua caliente, ardiendo, para purificarla:


“La bañera estaba llena de purificante agua hirviendo. Había desvestido a la niña y ella también estaba desnuda. Había llevado a rastras a Norma Jeane al baño, tratado de levantarla y meterla a la fuerza en la bañera, pero la pequeña se había resistido, gritando a voz en cuello. En el caos de sus pensamientos, que se mezclaban con el acre sabor del tabaco y el sonido de voces burlonas demasiado sofocadas por las drogas para ser inteligibles, pensaba que la niña era mucho más pequeña, que vivían en una época pasada en la que su hija tenía dos o tres años, pesaba apenas —¿cuánto?— quince kilos y no desconfiaba de su madre, no se encogía ni huía gritando ¡No! ¡No! como esta niña tan mayor, tan fuerte y obcecada, que contrariaba a su madre negándose a que la levantara y la sumergiera en purificante agua hirviendo, luchando por liberarse, huyendo del baño lleno de vapor, fuera del alcance de las desnudas manos que intentaban asirla. “.


A partir de ahí encierran a la madre en un psiquiátrico y ella va a un orfanato. Menos mal que no se ceba en el tópico del orfanato tenebroso con cuidadores horrendos. Tarda en ser dada en adopción, pues su madre, desde el hospital, se negaba. Al final la acoge un matrimonio y después de un tiempo, la esposa, muerta de celos por el deseo que se apodera de su marido por Marilyn, la presiona para que se case. Lo hará con quince años, pero este matrimonio fracasará y los dos siguientes, ya siendo famosa, también. El segundo por los celos de él, Joe DiMaggio (se le iba la mano al ex jugador) y el tercero, con Arthur Miller, el autor teatral, por el desequilibrio de ella y por el deterioro de la pareja. Antes de Joe DiMaggio convivió, manteniendo una relación de a tres, con el hijo de Charles Chaplin y el de Edward G. Robinson. En fin, se suceden amantes desde su juventud, con y sin estar casada (algunos eran precisos, por lo visto, para conseguir papeles cinematográficos); abortos espontáneos o no, abuso del alcohol y de los medicamentos, y estados continuos de inseguridad por el trato de "rubia tonta" que les dispensaban los hombres, especialmente algunos de los grandes productores de Hollywood, con quienes se acostó para obtener sus favores. Se refiere con frecuencia a la belleza de la Actriz Rubia (así la llama la autora) y su progresivo deterioro, lo que conllevó que al final de su carrera el maquillador tuviera que emplear varias horas en convertir su cara en atractiva.


Me pareció repetitivo, con tintes melodramáticos (puede ser que la vida de Marilyn Monroe fuera de melodrama, pero casi todas, dependiendo del punto de vista que escojas para observarlas pueden serlo). A veces me repelía, porque sentía como si estuviera detrás de unos visillos espiando la intimidad de una persona, a la que, con toda probabilidad, no le hubiera gustado nada que alguien la viese de ese modo y que se enterara de detalles tan miserables como los que en algunos casos apuntaba claramente la autora, y en otros sugería; los dejaba caer a modo de interrogación, de escritura en el diario de Marilyn o de sueño confuso.


Hay escenas íntimas, inventada por Oates, que lleva a cuestionarme este tipo de biografías noveladas si retrata a un personaje reciente. Porque no hace tanto que murió esta mujer y porque a muy pocas personas les gustaría que se reflejara esta imagen tan penosa de ellas. A la candidata eterna a premio Nobel supongo que tampoco. Si fuera de Cleopatra, de acuerdo (o de cualquier personaje de siglos anteriores, que no hay que remitirse a tan lejos), pues con el tiempo transcurrido ya ha pasado a ser un personaje más literario y mítico que real o histórico, pese a que su base lo sea. Ya no es persona, sino figura.


Es cierto que mitificar es absurdo, y no se debería caer en ello. Todos estamos llenos de miserias y grandezas, pero en este caso, no basta mostrar la ausencia de alguna grandeza, es que recrea  situaciones que, aun quedando en la oscuridad de sus participantes, Oates las imagina, en su empeño realista o dramático, con una visión muy poca favorecedora de la actriz.


El modo de atenerse a los datos es peculiar. La advertencia al principio de la novela no salva mi crítica. Se salta episodios de la infancia significativos (que leí para recabar más datos en otras biografías), o altera algunos como el nombre de su primer marido (se lo cambia y no sé por qué). A Joe DiMaggio (tradicional, conservador y algo violento), lo menciona siempre como el ex Deportista y a Arthur Miller, personaje que goza de las simpatías de la autora, lo llama el Dramaturgo. Imagina un par de encuentros con el presidente Kennedy (tampoco aparece con su apellido; el apelativo de El macarra del Presidente es el título del capítulo que le dedica) y deja que el lector suponga que fue sedada y violada analmente, en uno de esos encuentros, por otra persona que estaba con el Presidente, ¿o por éste?:


“Trató de hablar otra vez, quizá para disculparse por dar su ignorante opinión, o acaso para reiterarla con la coqueta voz de la Vecina de Arriba, pero de repente se vio en el hueco del ascensor, cayendo. O quizá él estuviera estrangulándola. Una salada mano sobre su boca y un codo contra su cuello. Estaba demasiado débil para protestar. Perdió el conocimiento y despertó después de un rato (calculó que habrían pasado veinte minutos, porque parte de la sustancia viscosa que había sobre las sábanas se había secado) al notar que otro hombre, un desconocido, la estaba montando; un hombre con prisas, como un jockey sobre una yegua, un hombre con una camisa blanca que olía a almidón, un hombre desnudo de cintura para abajo, embistiéndola ferozmente, con su pene dentro de ella, en el tajo que había entre sus piernas, en el vacío que dolía, y ella lo empujaba sin fuerzas tratando de murmurar ¡No! ¡Por favor! ¡Esto no es justo! Ella amaba al Presidente y a nadie más, y ésta era una manera injusta de usar su amor. Un hombre follándola con energía cuando ella no conseguía despertarse (¿probablemente era el Presidente, ya afeitado?), penetrándola con el furioso e inexplicable aire de un hombre que zapatea sobre arena compacta.

Más tarde, alguien intentaba resucitarla. La sacudía. Su cabeza se bamboleaba sobre los hombros. Los ojos inyectados en sangre se quedaron en blanco. Cerca de allí, la voz de su amante llena de furia: Por el amor de Dios, sacadla de aquí”.

También supone que fue asesinada (lo deja caer de modo literario) con una inyección de nembutal líquido a cargo de personas cercanas al Presidente.

Bueno, aunque me quedó claro que no era una biografía al uso, en la que prima el rigor por los hechos o la fidelidad histórica, no entiendo mucho el objetivo de este tipo de novelas. Si coges el nombre del personaje, te quedas con algunos hechos, recreas o inventas unos cuantos, escoges unos rasgos de su personalidad pero desdeñas otros, la realidad y, lo que es peor, la imagen de esa persona queda muy desvirtuada. Para eso, ¿no es mejor inventarse la novela entera? Sería muy interesante, con una trama a su antojo, en la que use como inspiración la figura de una actriz o de varias (en esto de la literatura suelen cogerse rasgos de diferentes personas para elaborar una síntesis propia), y teniendo como telón de fondo los años dorados del cine hollywoodense. Me atrevo a asegurar que la imaginación fecunda de Oates saldría muy triunfante en esa tarea y algunos de sus lectores no la leeríamos con tanta extrañeza.


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12 comentarios:

  1. Reseña leída,de lectura fácil,sencila.Es bastante esclarecedora,gracias por tus análisis y tus comentarios,siempre ayuda.Un beso

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  2. Gracias, querida amiga. Un beso.😘

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  3. Ya, pero tal vez, Ángeles, si lo hubiera hecho la autora tal como tú sugieres al final, los resultados comerciales no serían los mismos. No puedo añadir mucho más porque no leo a esta autora. Estoy contigo, eso sí, en que éticamente parece un tanto reprobable, a juzgar por lo que cuentas.
    Por otro lado, te diré que hacer reseñas es un trabajo que valoro mucho, pues imagino que no es nada fácil, si se quiere hacer con un mínimo de rigor, como creo que haces tú. Así que, ¡ánimo!, tus lectores te lo agradecerán. Un abrazo.

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    1. No sé si es reprobable; hay días que no tengo certezas de nada, y éste debe de ser uno de ellos, aunque me inclino hacia lo que tú dices. Sé que si fuera famosa, no me gustaría que ventilaran mi recuerdo en la historia de ese modo. Y hacer reseñas es una lata; me las impongo como autodisciplina y creo que desde que las hago leo menos, 😃, para no tener que escribirlas con frecuencia. Un beso y gracias por leer y comentarme. Un abrazo😘

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  4. Es probable que nunca sepamos la verdad sobre su muerte. Pero su vida es la historia desgarrada de una mujer apasionada y frágil que buscó sobre todo el amor y la felicidad personal, sin encontrarlos. Interesantísimo tu comentario, Ángeles.

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    1. Quizá sea difícil de hallar la verdad de este caso por determinados intereses. Lo cierto es que tuvo una vida, como tú dices, desgarrada. Muy amable por comentarme y leerlo. Un abrazo.

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  5. Es curioso Angeles, que la mujer mas admirada, por los hombres, la mas guapa, y provocadora, tuviese una vida tan desgraciada. La utilizaron, no les importo nada, de lo que ella sintiera, que me imagino, que solo buscaba un poquito de cariño. Hoy me has hecho trabajar mucho, estoy muerta de sueño, pero lo he leído todo.
    Pero mereció la pena. Un fuerte abrazo profesora!!!

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    1. Sí, Mari, es curioso, pero quizá sea un mito más fabricado que real. Parece que cuando se desmaquillaba y se vestía normal pasaba por una persona muy corriente. Tuvo una infancia tan desgraciada que supongo que su autoestima estaría por los suelos y lo pondría fácil para ser utilizada. Y, como siempre, me haces reír, 😃, duerme, duerme, que ya hiciste el trabajo bien. Sobresaliente. Un beso, niña.

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  6. Me gusta tu reseña Ángeles.
    Pero no leeré el libro.
    Más allá de la leyenda está el ser humano.
    Para mí Marilyn es un mito, desde pequeña me atrae.
    La imagen que se proyecta de ella, es lo contrario a lo que admiro de una mujer, rubia tontita, mujer florero, objeto sexual...Sin embargo me gusta porque miro sus ojos y veo todo lo contrario, veo a esa niña con una infancia difícil, veo a una persona solitaria, triste y algo misteriosa, con una muerte trágica.
    Me provoca empatía, ternura, imagino lo que pensaría, cuáles serían sus sueños y además me parece muy sexy.
    Gracias por compartir tus comentarios sobre el libro.

    Un fuerte abrazo

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    1. Ana, haces muy bien, y creo que la imagen que tienes de ella se ajusta bastante a lo que fue: tuvo una infancia triste, una madre muy mal de la cabeza; estuvo en múltiples hogares de acogida, creo que fue violada con doce años (aunque la autora no lo nombra, pero en otro lado leí). Fue un ser solitario, con deseos de aprender siempre, y, por supuesto, una muerte mala y misteriosa. Entiendo tu empatía y comprendo que no quieras leerlo. Un abrazo, Ana, y gracias por leerme y comentar.

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  7. A mí no me quedó una sensación tan negativa de la novela. Hice la reseña sobre lo que está escrito en el libro, sin entrar en el asunto de si era cierto o imaginado (aunque hago la misma advertencia que tú). No obstante, no me parece que el personaje salga mal parado. Todo lo contrario. Creo que está tratado con ternura y respeto, y transmite la idea de una mujer a la que maltrataron las circunstancias, con tanta necesidad de amor que fue presa fácil de hombres poco recomendables y con una imagen que la hizo víctima de los personajes que la imponían. Al fin y al cabo, creo que todo demasiado real aunque la historia sea, en gran parte inventada.
    Te dejo el enlace por si te apetece leerla pues al parecer, en facebook, me olvidé de ponerlo.
    http://elblogdelafabula.blogspot.com.es/2015/02/blonde-joyce-carol-oates.html
    Un beso.

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    1. Hola, Rosa, me gustó mucho tu reseña como contrapunto a la mía. Sé que la mitología, en este caso de la modernidad, ha retratado a Marilyn como un personaje de infancia complicada, presa y maltratada por los hombres. Esa es la versión oficial. Además de esa, me transmitió la novela otras características del personaje no tan halagüeñas o que yo deduje. Lo bueno es que una novela ofrece diversas interpretaciones y darlas a conocer es enriquecedor. Por eso me ha gustado tu reseña también. Un beso grande.

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Muchas gracias por comentarme. Un saludo.