Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: ¿Qué tiene de malo ser feminista? (Artículo)

18 de octubre de 2015

¿Qué tiene de malo ser feminista? (Artículo)

Hay una frase que suena últimamente que a mí me inquieta mucho (“No soy feminista, sino humanista”), porque genera demasiada confusión y aporta pocas soluciones para mejorar las relaciones de género. Más bien intuyo que esta expresión contribuye a la dispersión del problema. Lo explicaré a continuación.
Igualdad en el feminismo




Hace unas semanas, un "amigo" en las redes sociales le dijo a una amiga suya que la veía, más que feminista, humanista. Esta le respondió que las grandes defensoras del feminismo eran humanistas. Me pareció que este "amigo", al escribirlo en su publicación, se mostraba encantado con las implicaciones de la idea. Pensé que esa tontería de frase se iba a quedar ahí, pero no, amenaza con hacerse mayor, y ya la he visto en las portadas de las páginas culturales de los diarios, como si fuera imposible de obviar por los periodistas, dada su gran profundidad. Hace unas semanas venía avalada por Meryl Streep. No la critico a ella sino al, o la, entrevistadora que la destacó como si de una excelente idea se tratara, como si hubiera surgido para revolucionar el mundo del pensamiento y se creyera que, a partir de ahí, podría  iniciarse  una convivencia nueva, sin fisuras, entre hombres y mujeres. Creo que Meryl Streep es una actriz destacada y sus estudios de arte dramático en la  Universidad de Yale le habrán valido de mucho, pero esto no significa que sus frases, que no tratan de su propia actividad artística, tengan más crédito del que deban adjudicársele o que el periódico El País la destaque en una entrevista como si debiera marcar la línea a seguir del pensamiento moderno en materia de género.

En primer lugar, son dos conceptos diferentes que no tienen por qué ser antagónicos; uno se incluye dentro del otro, pero para lograr este último, antes es necesario conseguir el más inmediato, el más concreto o particular. Las personas honestas, las buenas personas deberían ser feministas primero, porque hay más injusticia en el tratamiento dado a la mujer, y después humanistas, porque es un concepto más abstracto de difícil definición, de tantas que se le han otorgado. Bajo el paraguas del humanismo se acogen muchas tendencias, religiosas, agnósticas  o ateas que hacen hincapié en el valor del hombre. ¿Pero eso, en concreto, en qué se traduce? Todavía ni se sabe bien qué es; cada cual lo define a su modo según sus entendederas. Desde el Renacimiento se viene nombrando y surgió asociado a esa época artística y cultural en la que se buscaba la exaltación del género humano y poner en valor todas sus realizaciones. El hombre, nos dicen los libros de Historia o de Literatura, se convertía en la medida de todas las cosas (tremenda novedad, como si no lo hubiera sido siempre, aunque de manera camuflada: incluso hasta Dios fue  concebido a modelo del ser humano, y hasta el teocentrismo, me atrevo a pensar, podría considerarse como un antropocentrismo sublimado, o desviado). El humanismo intenta destacar las mejores cualidades del individuo; defiende que se  procure un trato más justo y digno al otro; busca rescatar lo “bueno” que hay en nosotros y todo ello con independencia de las religiones que eran las que hasta ahora abogaban por esa bondad. Es un buen objetivo intentar humanizar la sociedad al margen de la religión, y para que esto se dé es necesario el estricto cumplimiento de los DD.HH. El humanismo es una lucha global y, por global, puede convertirse en abstracta e irrealizable por ahora y, además, nunca ha hecho suya la causa de las mujeres en cuanto a afrontarlo como un problema específico, con acciones planificadas.


Si a la mayoría de las personas, por lo menos de nuestra cultura,  les preguntaran si están a favor de la igualdad de derechos entre ambos géneros, la mayoría contestaría que sí, por lo menos de boquilla. Pues de acuerdo, eso es ser feminista. Ni más ni menos. El feminismo es una teoría que defiende la igualdad de derechos, políticos y sociales, entre hombres y mujeres. La definición aparece bien clara en la RAE (en la primera acepción, “Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres”; en la segunda, “Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres”) y yo no sospecharía por esas definiciones, teniendo en cuenta la trayectoria de la Academia, que a sus miembros les hubiera dado por abrazar ahora el feminismo más activo. En 2009, el director de entonces, Víctor García de la Concha afirmó: "La Academia no quiere ser ni feminista ni machista, sino estar en ese feliz punto medio". Por lo que se aprecia, en contra de la igualdad, pues a saber qué es ese punto medio. También es cierto que las políticas antisexistas no brillan en esa institución, puesto que de 46 académicos numerarios, hay solo 6 mujeres (y una electa, Clara Janés, que ocupará su puesto tras su discurso, en la fecha de este texto: 18/10/2015). Respecto a esto se podría decir: “Quizá no hay más porque no reúnen los méritos adecuados”. Y una se preguntaría, entonces: ¿Qué porcentaje de universitarias filólogas hay más que hombres?, ¿seguro que no ha habido ninguna catedrática, ninguna escritora más, que merezca el puesto? Claro, no nos extraña esta ausencia femenina si reparamos en que las candidaturas se proponen y se eligen por los mismos académicos. Lo que lleva a pensar  que sí  se ha definido el término así, es debido a que no admite otras opciones, por ahora. Como vemos, en sus acepciones, no se menciona nada de superioridad femenina, no habla del exterminio de lo masculino ni de reprimirlo  (sí restringe el poder o la supremacía machista), como a algunos les interesa creer.

La palabra feminista nació en Francia en el siglo XIX y ya se usaba en  medicina para describir un trastorno que sufrían los tuberculosos, a los cuales su mal les hacía parecer femeninos. Fue Alejandro Dumas hijo, en 1872, el que la utiliza para burlarse públicamente de la pretensión de igualdad de las mujeres y el que creía que los hombres que las apoyaban en su lucha podrían feminizarse al igual que los enfermos que sufrían de aquella enfermedad. A partir de ahí, se extendió el concepto como un modo despectivo de nombrar a aquellas féminas que se atrevían a solicitar ser tratadas iguales en derechos, hasta que la sufragista Hubertine Auclert (1848-1914) se apropió de la palabra en 1882. Y no hay otra, por ahora, que defina mejor la lucha justa de la mujer por no ser discriminada. Puede que más adelante llegue el día en el que la sociedad sea tan humanista o igualitaria que sobre el término, ojalá, pero en las circunstancias actuales se hace de vital necesidad para nosotras.

Muchos hombres, y espero que cada vez sean menos, siguen deseando obediencia ciega y que sus ideas no sean cuestionadas, por lo que no quieren perder privilegios en la dialéctica hombre-mujer. Por eso inventan conceptos ridiculizadores como feminazis o, sencillamente, les horripila el simple concepto de feminista y lo reducen a histéricas desaseadas. Hay otros que argumentan que están a favor de la igualdad pero en contra de la versión radical del feminismo que quiere marginar al hombre.  Curiosamente, y llevo ya algunos años en este mundo siendo observadora de lo que ocurre, nunca me he tropezado a ninguna de estas feministas histéricas. Concedo que puedan existir, pero pienso que es un reducto nada más, aislado, una faceta más del feminismo como movimiento social, como hay radicales en la derecha o en la izquierda política y por eso no se debe desautorizar en bloque esas visiones de la realidad. Lo curioso es que ellos, si hubieran sido tratados como lo han sido las mujeres a lo largo de la historia, o como todavía lo son muchas, y pudieran rebelarse, sus conductas serían más radicales, más violentas. Bueno, es una hipótesis absurda, pues si aquella ha estado sometida,  su condición de madre y su carácter menos agresivo habrán tenido que ver. Y espero que llegado a este punto nadie particularice pensando: “¿Las mujeres no son violentas? Yo conozco a una que…” No, el porcentaje de violencia femenina es sensiblemente menor.


Entiendo que el rol del varón podría estar atravesando desde hace varias décadas, y debido al avance femenino, una cierta indefinición. El hombre de hace cincuenta años trabajaba fuera (como ahora), pero cuando llegaba al hogar se convertía en el amo y señor; su autoridad, su palabra, sus deseos no eran discutidos. Se le admiraba, se le respetaba, se le cuidaba y se le obedecía ciegamente. Es duro pasar de ser lo más grande a ser uno más en los ámbitos laborales, soportando que una jefa –¡hembra!- te ordene o te regañe, o dentro de la familia, en la que la autoridad del padre  o sus criterios para administrar podrían ser puestos en duda.  Igual de duro debió de haber sido cuando se pasó de la sociedad esclavista en la que un individuo -si se daban las condiciones- podía tener a otro a su completa disposición a la siguiente etapa en la que debía pagar por sus servicios o tratarlo como un igual.  Sin embargo, pese a que se ha abolido la esclavitud en la mayor parte de las culturas,  la mujer ha permanecido, todavía en muchos países,  en un régimen similar (sin educación, sin recursos propios, dependiente del varón, sin libertad para decidir sobre sí misma, trabajando gratis o mal pagada, sufriendo mutilaciones o plegándose a los deseos masculinos). Como no tiene nombre de esclavitud parece que no existe el hecho.

Da la sensación de que  en el intento de solucionar este problema ni siquiera se suman todas las féminas. Las etiquetas ridiculizadoras que pronuncian muchos hombres de Occidente han hecho mella en las mujeres (no soy marxista, pero reconozco las aportaciones valiosas de K. Marx, como el análisis de la ideología, en el que nos dice que el modo de pensar de la clase dominante embauca tanto a los sometidos, que les lleve a que estos a asuman los valores de los primeros como si fueran suyos: esta es la mejor dominación, la ideológica); de este modo, no es de extrañar que una mayoría afirme que no es feminista. Si no nos chirría nunca que en las películas se presenten a muchas jóvenes como simples objetos de deseos (por ejemplo, bailando desnuda en torno a una barra para ÉL, que las trata de “guarrillas”: predominan más las prostitutas que las heroínas), o que en la publicidad aparezcan señoras siempre con hemorroides, estreñimiento, candidiasis vaginal, escapes de orina, caries, pesadez abdominal (son estas las maneras de crear la imagen de que el cuerpo femenino es débil y jaquecoso); o usando perfumes para “conquistarlo”, o limpiando, o ejerciendo de mamá preocupada a la espera de que el macho contrate la calefacción o el seguro del hogar significa, como decía Marx, que nos falta conciencia de clase explotada -género discriminado, en este caso-, y hasta que no la tengamos no se solucionará el problema, porque seremos aliadas del machismo. No hablo de “coger las armas” ni de luchas virulentas, ni de que se inviertan las tornas; sencillamente me refiero a comenzar por hacer nuestro el concepto del feminismo y a entender que hay cosas que no deben ser; es hora de que nos comiencen a chocar ya determinadas situaciones, y a ser conscientes de que por obtener alguna consideración masculina o manejar sus mismos valores no debemos dejar de luchar por un trato más igualitario.

Machismo

Otro modo en el que se manifiesta el sexismo en nuestra sociedad sigue siendo a través de la descalificación a las mujeres por medio de su  aspecto físico, o del insulto a su imagen -fea, gorda, vieja, zorra,... son los más habituales-. He visto imágenes ridiculizadoras de señoras dedicadas a la política a las que se las ha desnudado (el desnudo que no es voluntario es una forma de humillación y se les ha superpuesto en la foto un cuerpo poco agraciado (no de una jovencita atractiva sino de una señora gruesa y mayor para suscitar más escarnio: aquí se ridiculiza no solo a la señora que se dedica a la política en cuestión, sino a todas las mujeres, y más a la que tienen un aspecto similar). Lo curioso es que si se les advierte de la utilización sexista de esta imagen, no la reconocen; no notan  ninguna anomalía en su actitud porque piensan que insultan solo a esa política y no reparan en el significado del hecho en sí. Tienen tan interiorizado el valor del cuerpo de una mujer que no perciben su actitud como discriminatoria. En una red social alguien me dijo que con el hombre sucedía lo mismo. No lo creo. Le respondí que muchos siguen defendiéndose de la mujer reduciéndola a un cuerpo criticable, a una "cosa". Saben que eso le duele más a ella, debido a que al cuerpo femenino siempre se le ha dado más valor, tanto en sus aspectos positivos ("bella mujer"), como en los negativos ("vieja y gorda asquerosa").  Al hombre se le critican más sus actos, sus palabras; a la mujer todo lo anterior pero, si además no es muy agraciada, se ensañan en su físico para descalificarla más.



Como dije más arriba, resulta incomprensible que un sector de la izquierda masculina (y no menciono a la derecha, dado que los más conservadores siempre han sido  más favorables a una sociedad patriarcal) ignore la peculiar situación en la que se encuentra la mujer y no haga esta causa como suya. He visto a estos hombres con la boca llena de consignas izquierdistas mandando a una amiga a que le vaya a buscar un café, o criticando las conductas sexuales de ellas (del varón no, porque para comprender al macho se recurre al argumento de su naturaleza sexual, para la mujer, en cambio, al  del decoro social: doble rasero). Los he visto ridiculizando los problemas femeninos, como si no estuvieran en el catálogo de lacras sociales a resolver. Y no me refiero a los políticos organizados sino a gente de a pie, a votantes de partidos de izquierdas, a quienes parece que les resulta indiferentes los siguientes asuntos femeninos, no ya de nuestra sociedad, sino del mundo en general: inferior posibilidad de acceder a puestos de poder, peores salarios, malos tratos o explotación, matrimonios y prostitución obligada, ablación, tratamiento desigual de la justicia, pobreza, poco acceso a la higiene o atención médica,... Muchos de estos problemas, algunos del ser humano en general, se recrudecen en la mujer por su vulnerabilidad.


Se quejan también de la obsesión por el lenguaje pretendidamente antisexista. Aquí puedo concederles una parte de razón. Este afán por un lenguaje "presuntamente" correcto es sólo una herramienta, a veces delirante, para combatir estereotipos. La pena es que nos estamos centrando más en resolver las diferencias de género mediante el lenguaje, mientras que por otro lado seguimos fomentando  actitudes de más calado machista o las contemplamos impasibles para no ser tachadas nosotras de fundamentalistas (estamos vencidas en la actitud y en los valores por miedo a ser criticadas). El lenguaje es importante en la medida en la que crea esos mismos valores, ofrece visiones de la realidad, o visibiliza acciones y profesiones antes negadas a la mujeres. Pero habría que evitar caer en un feminismo linguístico absurdo. Resulta cansino, e incoherente, el uso reiterado de la doble terminación o/a o de la @  para designar ambos géneros; pero, sí se podría defender el nombre femenino de las profesiones; modificar el significado peyorativo de las palabras que se refieren o se relacionan con la mujer; contribuir a modificar el de muchos conceptos que aplicado al varón tienen una connotación y referido a ellas otro distinto (como las alusiones a la conducta sexual).




Reitero, tanto el hombre como la mujer deberíamos ser feministas, teniendo en cuenta que todavía ése es el término que existe para designar la igualdad entre ambos y no hay otro. Si su intención es destacar lo femenino en un mundo de machos todavía no hay un concepto que reúna en sí ese significado. Humanismo no lo es,  porque este al final es cercano al varón. Humano viene del latín humanus, que se compone de humus (tierra) y anus (procedente). Y hace referencia al primer individuo hecho de barro o arcilla; luego volvemos otra vez al inicio sexista del meollo: primer hombre. Hay quien propone igualitarismo pero, por muy loable que sea su definición (al igual que la  de humanismo), no hace suya la causa de la mujer de un modo específico ni presentan acciones concretas a seguir. No son movimientos activos, son solo teorías, y la discriminación femenina, para que pueda ser combatida, necesita primero un enfoque propio y, por eso, debe partir de una palabra que recoja implícitamente su objetivo y a través de ella aglutine las acciones. Para acabar, el camino que queda por recorrer es tan amplio que centrar el debate en rechazar ese concepto y, por ello, no asumir la tarea de conseguir la igualdad entre géneros es quedarnos en lo accesorio. Además, qué mejor término que feminismo si hemos sido las mujeres, las féminas, las que hemos iniciado la lucha justa por igualarnos al hombre.  

  

¿Qué tiene de malo ser feminista? -
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22 comentarios:

  1. Buen artículo amiga!!! Ya habíamos hablado algo del tema y sé lo que te preocupa. Una exposición que invita a la reflexión. Muchas gracias por compartir tus inquietudes y si encima consigues despertar conciencias mejor que mejor!!!

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  2. Muchas gracias, preciosa mía, sobre todo por tu fiel amistad.

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  3. Análisis concienzudo e interesante, Ángeles. Gracias por aclarar términos. Queda claro que el Humanismo tiene una cuenta pendiente con el Feminismo y me gusta que hayas hecho hincapié en ello. Felicidades. Un abrazo.

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    1. Sí, Balbi, primero Feminismo, cuyo término es el más adecuado, puesto que es una reivindicación principal y promovida por las mujeres; y luego, Humanismo.Esto no quita que el hombre no deba participar en esa lucha por lograr la igualdad. Un abrazo para ti también.

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  4. Manuel Melguizo21/10/15 19:35

    Magnífico análisis aunque, como hombre educado en otros tiempos también he de decirte que no será fácil lograr esa igualdad efectiva, al menos para las generaciones actuales, ni siquiera en los países más teóricamente justos y avanzados. No obstante creo también que aunque no se aplique totalmente el concepto de igualdad en la vida real, al menos es un avance que se acepte públicamente como "lo justo" y "lo correcto" en teoría y por ley. Un avance es un avance, ¿no?.

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    1. Sí, el hombre ha avanzado en su propio camino para reconocer a la mujer como una igual. Queda todavía mucho por recorrer, pero las mujeres esperamos que los hombres luchen con nosotros, como pares, al lado y no enfrente. Poco a poco. Ya sería un primer paso que se reconocieran también como feministas. Gracias por comentar y pasarte por aquí.

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  5. Te leo tarde, pero te leo y analizo cada una de las ideas. Me ha gustado mucho el recorrido que has hecho. Muy interesante acotar términos, y realizar algunas apreciaciones que tienen más que ver con la conducta de los individuos y los intereses de unos pocos que con la realidad, por desgracia, triste para las mujeres. Quizás podríamos añadir que hay un "no se qué" muy peligroso en la sociedad, esto es, ver que muchas jóvenes creen que ya tienen el mundo conquistado ( sin saber quién y cuándo lo ha conquistado para que ella tengan hoy unos derechos)y por tanto, no solo no son conscientes de que hay aspectos que siguen casi en el mismo punto,si no que además,en algunos terrenos involucionamos ( como ejemplo, alumnas que se acercan y te cuentan que no van a seguir estudiando, pues a su novio no le parece bien). Lo dicho, gracias por tus reflexiones siempre acertadas.

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  6. Carol, tienes razón, todavía no es un terreno conquistado y muchas chicas siguen subyugadas por la mística de lo varonil y del enamoramiento, confundiendo actitudes. Y otras, ya más maduras, siguen negándose a considerarse feministas por pura ignorancia de lo que significa el concepto (y sin ganas de enterarse) o por no ser conscientes de la situación en la que se encuentran las mujeres. Solo parecen acordarse en las fechas conmemorativas. Por desgracia, hay muchas abducidas por ahí, que nos hacen un flaco favor. Muchas gracias, guapa, por comentar. Un beso.

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  7. Probablemente usted sabrá en qué sitio (sí, el artículo sobre las "vividoras del feminismo") leí este artículo, puesto que no he parado nunca por su blog (ahora mismo sí y me está gustando). Sólo quería darle las gracias por la claridad de su exposición y la calidad de sus argumentos (algo que falta en los tiempos que corren).
    Como hija de antropólogos y periodista, me resulta bastante chocante ver cómo se utilizan las justificaciones "se cuentan como violencia machista casos en los que el hombre iba borracho", creía, en mi más absoluta inocencia, que los años de el Caso quedaban sólo como un recuerdo que contaban mis abuelos, en los que las mujeres aparecían en las páginas de Sucesos y el asesinato era justificado con argumentos que, dicho sea de paso, hoy por hoy están prohibidos de cara a la deontología periodística.
    Hace poco, debido a un debate (la otra chica lo llamó "discusión", pero créame que era un debate) tuve que expirarme y lanzar mi teoría, que le remito ahora:

    https://carmenluneblog.wordpress.com/2015/11/09/y-sin-embargo-el-machismo-mata/

    Un saludo,

    Carmen

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  8. Hola Carmen, te agradezco que hayas leído el artículo y visitado mi blog. Ayer lo publiqué en ese lugar que mencionas, y como respuesta a todos los comentarios delirantes que hablaban de "mafia del feminismo". Desconocía esa visión y ese odio a las feministas, y espero que sea por desconocimiento del significado de su concepto. Un saludo.

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  9. Me encanto esta entrada!

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    1. Pues qué pena, Anónimo, que no dejaras tu nombre para agradecertelo personalmente. Espero que me visites más y dejes tu nombre. Muchas gracias por leerme.

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  10. Bárbara Álvarez Escobar12/12/15 22:45

    Este artículo sobre el feminismo me parece sensato, bien documentado y lo comparto totalmente. Espero poder seguir leyendo y disfrutando de estos textos que compartes con nosotros. ¡¡Ánimo y siga usted cultivando esa literatura filosófica!!

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  11. Quería escribir un artículo sensato, a favor de la integración de los dos géneros y a la altura del verdadero concepto de feminismo, para sumar. Yo espero que sigas disfrutando de mis textos y muchas gracias por hacerme saber tu opinión.

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  12. No es que yo no esté a favor de la igualdad de derechos, faltaría más, y sacaría los ojos al que me quisiera arrebatar uno solo de esos derechos. Según esto y según la definición del diccionario, yo soy feminista.
    Tal vez la aversión a declararme feminista me vienen de mi juventud. En la facultad había un grupo de chicas muy radicales, muy "feministas", que trataban de pena a los chicos, alguno buen amigo y mucho más respetuoso que ellas con los derechos en general. Entre eso y que, personalmente, nunca me he visto afectada ni atacada en mis derechos, hace que no me haya identificado especialmente con el feminismo, pero por supuesto que creo en la igualdad de derechos, como creo en el hecho de que, aunque tengamos los mismos derechos, no somos iguales. Hay cosas en las que ellos destacan más y otras en las que destacamos más nosotras. Entre esas cosas en las que destacamos está, por supuesto, la comunicación, el lenguaje, el conocimiento de las personas, el verlas venir mucho antes... y más cosas.
    A la hora de leer, lo voy haciendo a medida que me vienen las lecturas y las ganas y no miro el género del autor.
    Respecto a lo de la igualdad en el lenguaje, me parece una memez colosal. Es tan ridículo que aplican la igualdad al sustantivo, pero no al adjetivo y tienes que morir de sonrojo cuando oyes cosas del estilo "los padres y las madres estamos cansados..." ¿y cansadas, no? pregunto yo.
    Tu entrada es tan completa y está tan bien argumentada que, por supuesto estoy de acuerdo con ella y, después de leerla, no me importa declararme feminista.
    Un abrazo y gracias por tu aportación.

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    1. Ya me extrañaba que no te declararas feminista. No es por hacerte la pelota, pero por el caudal de lecturas (y de cine) que veo que posees resultaba raro. Hay una malinterpretación, supongo que interesada, sobre el significado de ese concepto. Yo no estoy de acuerdo con el feminismo radical (y con muy pocos radicalismos, porque la realidad es tan rica en matices que posicionarme en los estremos limitaría mi visión de las cosas). Yo creo que esas que nombras, tus compañeras tan feministas, aunque ellas se denominen así, no deberían de serlo tanto, a la luz de sus conductas. Es una pena que por personas así el movimiento feminista adquiera tan mala prensa. Realmente el feminismo sí ha contribuido al desarrollo de los derechos humanos; estos, si media población se encuentra discriminada, no podríamos que se han alcanzado. Gracias a muchas mujeres feministas yo pude estudiar,tener cuenta propia o decidir sobre mi sexualidad. Estoy de acuerdo con todo lo que dices respecto al lenguaje y a las diferencias. En literatura sí tengo una cierta predisposición hacia la femenina, como expuse en mi entrada de ayer, aunque entiendo a quien prefiera más la calidad (yo también) u otras consideraciones. Bueno, me alegro de que las feministas seamos más. Un beso y muchas gracias por hacer doblete en lectura y comentarios. Un abrazo.

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  13. Hola de nuevo Ángeles,
    Me he leído tu interesante entrada y sí no hay dudas cualquier persona que defienda la igualdad entre hombres y mujeres es feminista.
    Y sí estoy de acuerdo con Rosa y con tu propia respuesta, hay mujeres que militan en el extremismo que hacen mucho daño al feminismo porque es difícil identificarse con cualquier actitud tan radical. Creo que tenemos que seguir haciendo camino desde defender nuestros derechos sin ningún miedo y creyéndonos nosotras que podemos estar a la altura de cualquiera, porque a veces hay un poco de miedo en nosotras mismas. Tal y como decía en tu otra entrada, yo me declaro una partidaria de la igualdad con nuestras diferencias, creo que las tenemos y que las hemos de reivindicar pero defendiendo siempre la igualdad con los hombres.

    Soy de las que pienso que la educación tiene un papel fundamental, la educación que hacemos de nuestros compañeros, de nuestros hijos, de la sociedad con la que nos relacionamos, con el día a día, desde la calma y el respeto pero también la determinación.

    Hace un tiempo vi un reportaje de Jordi Ebole "El machismo mata" que hacía reflexionar y mucho sobre esos comportamientos tan arraigados que nos parecen normales y sí, hubo momentos de una indignación absoluta por ejemplo al ver los insultos que se hicieron en un campo de fútbol sobre la pareja de unos de los jugadores, este tipo de actitudes son las que se deben erradicar y en cambio, casi ni se tuvieron en cuenta.

    Hay muchísimo camino por hacer y cada uno desde su espacio tiene su responsabilidad.
    Gracias por tu entrada, provoca reflexión.
    Un saludo

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    1. Me encanta tu doble comentario.
      Comparto todo lo que dices: esas feministas radicales más que facilitar el camino hacia la igualdad van creando antagonismos con sus posturas extremas.
      Apuesto, como tú, por la igualdad en derechos y en tratamientos, aunque reivindico las diferencias, porque no son negativas.
      Por supuesto que la educación es fundamental, y la conciención entre nosotras mismas de que aún nos queda mucho camino por recorrer, y de que debemos evitar seguirle el juego a las actitudes o situaciones que implican una valoración negativa hacia nosotras. A veces no nos damos cuenta y contribuímos a nuestra propia discriminación. Yo vi ese reportaje que nombras y estoy de acuerdo con lo que dices.
      Muchísimas gracias por comentarme, Conxita, y estaremos en contacto. Un beso.

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  14. Mientras se siga insistiendo en usar el termino"FEMINISTA" no lograras lo que que creo que honestamente buscas que es la igualdad de género.... la razon es simple... bajo tu misma lógica te pregunto: ¿PORQUE NO SERIA VALIDO USAR EL TERMINO "MASCULINISTA" PARA LA LUCHA POR IGUALDAD ??? apuesto a que ahora mismo muchas mujeres saltaron de su asiento o se estan riendo porque dicen que eso seria absurdo porque suena casi igual que MACHISMO y de hecho tiene una connotacion sexista de solo oirlo.... el punto es que nunca puedes pedir igualdad inclinando la balanza hacia un lado o el otro... Tu podrás poner todo el sustento histórico que quieras, pero esa palabra FEMINISTA tiene una connotacion sexista intrinseca (al igual que masculinismo)... porque no alude o exalta la igualdad hombre -mujer sino que sobrepone por encima a las FEMINAS osea a las mujeres...y aunque lo nieguen en mil formas esa dichosa palabrita ya genera conflicto en alguna medida en el conciente o subconciente de muchos individuos.... entonces erroneamente quienes creen que alzar una banderita de igualdad con la palabra "mujeres" es efectiva estan cayendo en tremendo hoyo..... Es como querer decir SOY VEGETARIANO usando como símbolo un filete de res... En las luchas sociales como en la vida misma no solo hay que SER sino tambien PARECER.... Ojala las mujeres que luchan por igualdad, reunidas dejen su orgullo y su criterio obtuso, para reflexionar sobre este punto y dejen de encapricharse por usar el termino FEMINISMO, que solo hace mas daño que bien .. la prueba es que aqui mismo (en este articulo) como en muchos lugares hay quienes malgastan su tiempo tratando de sustentar la palabra Feminismo porque obviamente siempre sera fuente de debate....NO ES MAS FACIL CAMBIAR DE PALABRA?... sera ese orgullo femenino una debilidad en lugar de fortaleza?..

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    1. Hola... Vivimos en un mundo en el predomina el género masculino para nombrar casi todo, y las mujeres no salimos a la calle tirándonos de los pelos por ello. Lo consentimos y lo usamos (yo lo uso para no ser redundante), pese a que somos conscientes de que esto nos invisibiliza o nos resta importancia. Por tanto, si nos plegamos a ello, ¿ qué hay de malo en utilizar un término que surge de la mujer (haciéndonos más presentes) y que refleja su lucha? Esa palabra se usa porque ha sido la fémina la principal interesada en que se le reconoza un estatuto similar al hombre. Es ella la que ha promovido la igualdad. A este no solo le ha resultado indiferente esta lucha a lo largo de los siglos, sino, como le ha supuesto una pérdida de privilegios, todavía le cuesta asumirla hoy día, por eso, muchos no miran a su alrededor para captar la situación de discriminación en la que todavía nos encontramos. O la siguen negando y recurren a basarse en el término, exclusivamente. O realizan justificaciones extrañas desde una óptica masculina. La palabra no es tan importante como el hecho y no debería ser ningún obstáculo para defender la igualdad de derechos. Y no creo que tenga nada que ver el orgullo en este asunto. Por ahora no hay ninguna, o por lo menos, no se encuentra. ¿Se te ocurre alguna? Queda descartada humanismo (explicado en el texto por qué). Un saludo.

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  15. ¡Buenísimo este artículo, Ángeles! Me ha encantado. ¡Alucino con las declaraciones del antiguo director de la RAE! Es de coña que confunda "feminismo" con "hembrismo", siendo él el representante de la institución que ha promulgado la definición de esta palabra. En fin, a veces tengo la sensación de que el mundo no avanza nada en materia de igualdad entre hombres y mujeres. Mira si no la reciente nueva ley aprobada por el Parlamento ruso, que despenaliza la violencia doméstica de carácter leve. Es para llorar. Afortunadamente, hay muchas mujeres y muchos hombres con la sensibilidad suficiente como para defender el feminismo en toda su radicalidad, que no es más que el firme compromiso en defender la igualdad. No nos llevemos a engaños; las feminazis son un mero invento de la superestructura ideológica en vez de ser una realidad significativa.

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    1. Pienso lo mismo que tú. Imagino que el concepto de feminazi será un invento más para deslegitimar la lucha hacia la igualdad.
      Muchas gracias por tu lectura y comentario.
      Un saludo.

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