Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.

27 de septiembre de 2017

Polvo enamorado. (Relato).

Segunda parte o veinte años después

Cristóbal remueve el yogur para darle una textura cremosa. El postre será lo mejor del almuerzo. Carmen no se había lucido en la preparación de la comida: la tortilla, cruda por dentro; el potaje de lentejas, quemado; aunque ella lo cambiaría de caldero, conservaba el regusto amargo de cuando se pega en el fondo. A él también le había ocurrido en ocasiones anteriores. Una mínima distracción, unos minutos para acabar de ver un programa, buscar unas anotaciones urgentes o contestar una llamada, y potaje a la basura.
Vino cansado del trabajo, muerto de hambre, tras conducir durante dos horas, y aquellas bazofias no le causaron una alegría especial, pero a ella no le reprocharía la mala comida. Ni se le ocurre. También llegaría agotada, a las tantas de la noche, y se iba a conformar con cualquier cena que él preparase. Con lo poco que se ven, no es asunto de montar una pelea por nimiedades, piensa, además, lo bueno de los turnos dispares (él trabaja por la mañana en una sucursal bancaria, donde el diablo recuperó su honra, y ella de tarde en un centro de salud cercano), es que apenas se discute, ni siquiera los fines de semanas.

31 de agosto de 2017

Repitiendo Francia (fotos de viaje)



Esto de viajar es muy curioso. En realidad, no creo que se sea más feliz, ni que una se lo pase de un modo más maravilloso que cuando estaba echada en el sofá sin hacer nada.
A veces, de viaje, estás cansada, irritable y tu hijo o marido no son las personas que mejor te caen del mundo en ese momento. Se equivocan de ruta, están tan impacientes como tú o se quejan sin motivos; si pudieras, los ahogarías en el lago que estás fotografiando (con un filtro ND para que te salga el agua sedosa e idílica). Incluso con tu familia pasas demasiadas horas al día. ¡Y no digamos contigo misma! Son horas detenidas, en las que solo miras, paseas, comes y fotografías. Si hubiera alguna posibilidad de meterte en una lavadora, hacerte un centrifugado y salir como nueva, lo harías.

El circo de Mourèze


31 de julio de 2017

Orquídeas y otras flores (fotos, nada más)


¡Hola!, esta vez presento una exposición bloguera de fotografías dedicada a las flores. Las dejo así, sin texto. No le encontré el sentido a acompañarlas de letras, puesto que tampoco me sé el nombre de cada flor.
Aconsejo pinchar encima para verlas mejor (se agrandan), sobre todo si se ven desde un móvil, puesto que, si no, se apreciarían muy desproporcionadas (se alargan).


30 de junio de 2017

Situaciones de aprendizaje. (Relato)



Lunes, 19 de abril, a las 13:18

Evidente: este hombre no servía para aquello. Desde mi pupitre de guardia lo oía desgañitarse en ese momento, y en todas las ocasiones que me tocaba vigilar el edificio de la ESO. Imaginaba que el griterío de la clase, y los chillidos exasperados del profesor, se escapaban en forma de humo denso y grisáceo por debajo de la puerta, por los goznes que la unían a la pared y  por las ventanas que daban al aparcamiento de atrás; suponía que alcanzarían a los alumnos que practicaban ejercicios en la cancha; a los profesores que, aprovechando unos minutos de la hora complementaria, se tomaban el café para reponer fuerzas; al personal laboral de conserjería y a la mujer de la limpieza, quien, sobresaltada, seguro que emitía un respingo y se le caía el palo de la fregona. Hasta a los visitantes ocasionales que iban a recoger su título de bachiller les rodearían los decibelios desmesurados; quizá tuvieran que pedir un corrector para rectificar el fallo que cometieron al rellenar el formulario, por distraerse.
Mucho ruido y pocas nueces; perro ladrador, poco mordedor.
Yo intentaba, desde el cambio de hora, concentrarme en la corrección de los exámenes; resultaba imposible. Ya había suspendido a dos alumnos que eran buenos estudiantes. Tuve que dar marcha atrás y volver a leer los ejercicios. 
Se oían ruidos de mesas y sillas movidas con violencia. Hasta me pareció escuchar a alguien que imitaba los sonidos de un animal, un perro o un cerdo.

1 de mayo de 2017

La casa por la ventana. (Relato)


Prólogo: en vista de alguna confusión he de destacar que este relato es literario, ficticio. Todo parecido con seres vivos o muertos es purita casualidad y la primera persona es solo un recurso (no retrata mi vida ni se me ocurriría hacer tal cosa).

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Llevo días cansada, más achacosa que nunca. Podría enumerar una larga retahíla de dolores: de espalda, rodilla, el codo del brazo derecho, la mano del izquierdo, la cabeza que se va una y otra vez. Esta no duele, simplemente noto que huye y deja un vacío. Tengo anemia y quizá es por lo que sufro de ese hueco entre las ideas cuando quiero expresar algo. No creo que sea presa del Alzhéimer todavía.
La semana pasada me caí, menos mal que fue en el descansillo que da a mi vivienda. La vecina se alarmó porque a mi alrededor se esparcieron los paquetes que cargaba y me quedé tendida en el suelo. La mujer, quien por la pinta parece mayor que yo, osó regañarme: que cómo me atrevía a llevar tantos bultos y por qué no dejaba que me ayudaran mi marido e hijos. Me gustó que me pelease como si yo fuera una niña pequeña: me sentí querida y noté que alguien nuevo se preocupaba por mí.