Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.

1 de mayo de 2017

La casa por la ventana. (Relato)


Prólogo: en vista de alguna confusión he de destacar que este relato es literario, ficticio. Todo parecido con seres vivos o muertos es purita casualidad y la primera persona es solo un recurso (no retrata mi vida ni se me ocurriría hacer tal cosa).

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Llevo días cansada, más achacosa que nunca. Podría enumerar una larga retahíla de dolores: de espalda, rodilla, el codo del brazo derecho, la mano del izquierdo, la cabeza que se va una y otra vez. Esta no duele, simplemente noto que huye y deja un vacío. Tengo anemia y quizá es por lo que sufro de ese hueco entre las ideas cuando quiero expresar algo. No creo que sea presa del Alzhéimer todavía.
La semana pasada me caí, menos mal que fue en el descansillo que da a mi vivienda. La vecina se alarmó porque a mi alrededor se esparcieron los paquetes que cargaba y me quedé tendida en el suelo. La mujer, quien por la pinta parece mayor que yo, osó regañarme: que cómo me atrevía a llevar tantos bultos y por qué no dejaba que me ayudaran mi marido e hijos. Me gustó que me pelease como si yo fuera una niña pequeña: me sentí querida y noté que alguien nuevo se preocupaba por mí.

20 de abril de 2017

La Palma en pocos días (fotos y texto)



12/04/2017

En el barco el tiempo camina como una tortuguita coja; se desliza lento lento. No es lo mío viajar en este medio, ni con dos biodraminas logro estabilidad. Las compré sin cafeína para dormir, sabiendo que no podría leer; pero no me ha venido el sueño, con los ojos cerrados solo he logrado ver figuras deformadas y corregir mentalmente la escena principal de mi último relato. No me va a servir; cuando me ponga a reformarla no recordaré lo que he pensado.
Solo he podido ver fotografías en 500px, en los ratos que he abierto los ojos y sacado la tableta.
Desde donde estamos (mi marido y mi hijo me acompañan) se oye al fondo ruidos de niños jugando. Me llega también algunas palabras de una conversación sobre la belleza de cada isla: algunos tópicos se dicen.
A las doce y media de la noche llegamos al apartamento rural, en El  Paso.

23 de marzo de 2017

Por Fuerteventura (fotos, casi nada más)

Estuve a principios de los noventa y no regresé más. En aquella ocasión el viento incesante hizo que termináramos por recluirnos en el apartamento. Esta vez gozamos de un tiempo más apacible y de unas cuantas buenas comidas. Recomiendo tres lugares, una cazuela de pescado en Jandía, cerca del faro; en el Cotillo, en cualquiera de los bares de pescado que hay por allí y en Corralejo, donde abunda una buena oferta de restaurantes.
Aquella vez estuve quince días; ahora, en Carnavales, cuatro. Casi fue suficiente.
Es una isla que tiene su belleza, si gusta la aridez y la playa. Confieso que yo me inclino más por otro paisaje, más verde y húmedo.
No voy a escribir una guía del lugar. Solo imágenes de esta tierra seca, y algo dura para vivir, y algunos comentarios del lugar.


En el municipio de la Oliva está La casa de los Coroneles, una mansión construida en la segunda mitad  del siglo XVII. Era la residencia oficial del coronelato, el poder que dominó militarmente la isla.  Desde 2006 el espacio de dedica a actividades culturales. Este lugar no me llamó la atención, sí, en cambio, las ruinas que había a sus alrededores, como ese resto de edificio que se veía al fondo y que es la primera imagen de esta entrada. 

5 de marzo de 2017

Entre un banco y un carro de la compra. (Relato)


Qué ignorita más bonita


Primera parte

Cada vez que me asomaba a la ventana, allí estaba. Desde hacía tres meses su plaza de asentamiento consistía en un banco de madera. Se había apoderado de él y colocado su insignia (un carro del Hiperdino con todas sus pertenencias) en señal de colonización, como esos pueblos que, tras un gesto de alarde hostil del enemigo, se ven impelidos a responder con coraje suicida a las afrentas. 
 Me molestaba verlo, a mí, a mi mujer y a Laurita. La pobre niña tuvo pesadillas durante un tiempo. Por las noches le costaba conciliar el sueño y, cuando por fin lo lograba, se despertaba a las pocas horas gritando:
—¡Sucio, sucio! Malo, malo, harapiento, … —En mala hora le enseñamos ese adjetivo. Se convirtió en su palabra favorita cada vez que miraba por el ventanal. Terminamos por impedirle que alzara la persiana. Pobrecilla. Cuánto disfrutaba con las luces de la noria, el tiovivo y el arca vikinga que, con frecuencia, montaban unos rumanos en la plaza. Contrario a lo que podría pensarse, los destellos de colores la embelesaban y la preparaban para el sueño. Me cabreaba que la niña ya no pudiera contemplarlos desde su cuarto, pero, ¿qué hacer? ¿Bajaba y le decía al pordiosero que se fuera con los desperdicios a otro lado? ¿Que se llevara su mierda debajo del puente, que esta era una zona respetable, de vecinos trabajadores y cumplidores de la ley? No me atreví a tanto. Sí llamé una mañana, espoleado por mi mujer y por el monumental enfado que me dominaba, a los guardias municipales.
—Sí, dentro de unos minutos pasamos por ahí.
“Sí sí, por supuesto, desde que acabemos con lo que estamos haciendo, ahí estaremos”; “Claro, claro que sí, hombre, no se enfade; gracias por avisarnos”; “¿Cómo que no queremos ir, caballero? Es que tenemos un día complicado”; “Vamos, hombre, ¿usted se cree el único vecino con problemas y que nosotros andamos tocándonos las narices?” Yo no sé lo que se palpaban, pero hacer no hicieron nada. Si por ese motivo vinieron al barrio nunca los vi.

8 de febrero de 2017

Entre el mar y el campo (fotos, nada más)


Son fotos de dos lugares, las del mar son de la costa de Garachico, y las campestres de los altos de la Matanza.